¿A qué os suena blanca cacereña? Quizás no hayáis escuchado nunca su nombre, pero así es como se denomina a este tesoro genético del Extremadurismo.

La blanca cacereña es la única raza bovina autóctona de Extremadura y la más antigua de la Península Ibérica. La raza debe su nombre a la coloración blanca de su piel, convirtiéndola en la única raza autóctona de España con esta característica. De origen desconocido, esta raza singular, pudiera proceder del continente africano, presentando los estudios genéticos actuales procedencia filogenéticas de Asia.

Además se encuentra en peligro de extinción, siendo una de las razas españolas en más grave situación de desaparición.

Por los datos históricos que tenemos, los bovinos blancos existen en España desde época de los romanos, que en las fiestas en honor de Júpiter, en el mes de abril, inmolaban una ternera blanca, sin mancha ni sometida al yugo, y su carne era distribuida entre la población.

Es a partir de 1970, con el interés por este animal único de distintos ganaderos que mantenían en pureza esta raza junto a técnicos tanto extremeños como del Ministerio de Agricultura, cuando se toma la decisión de la recuperación de esta raza singular, cuya primera base genética la constituyen 51 vacas y 1 toro provenientes de cinco ganaderías. Estos animales quedaron bajo el control del CENSYRA (Centro de Selección y Reproducción Animal) de Badajoz por cuya gestión permanente y el empeño de un puñado de ganaderos se ha conseguido pasar actualmente a un censo de unos 900 ejemplares.

La vaca blanca cacereña, como su nombre indica, se distribuye por el territorio de Cáceres, aunque una parte de la población la encontramos en Badajoz. Está adaptada al sistema de dehesa extremeña. A diferencia de otras razas comen pasto grosero que otras no pueden digerir o lo hacen con dificultad. Además las necesidades nutritivas de la blanca cacereña son menores con respecto a otras y con ello generan un impacto en el medio ambiente menor.

Vaca blanca cacereña en la dehesa extremeña

Destaca entre todas las razas de España por ser considerada su carne como la más exquisita y de mayor palatabilidad según toda la restauración que la ha incluido en su carta, siendo la fineza de su fibra muscular la clave en la degustación de esta carne excepcional.

En la actualidad los retos de la raza blanca cacereña son muchos y difíciles, desde la mejora en la conformación fisonómica, en los índices productivos y reproductivos, evitando la consanguinidad, entre otros.