“La Encamisá” de Torrejoncillo 2015

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El origen de “La Encamisá”

El origen de “La Encamisá” hay que buscarlo evidentemente en un hecho guerrero. Podría precisarse más: en la celebración de una victoria obtenida a base de astucia, de disfraz y de sorpresa. Una acción, o acciones de este tipo, debieron provocar que el capitán victorioso, para celebrar la hazaña, desfilara en cabalgata, al regreso de la gesta, llevando por delante el pendón que les había presidido en el combate.

Hasta aquí todo parece lógico y sin discrepancias de opiniones. No ocurre lo mismo en cuanto al lugar y al tiempo en que se produjo tal acción bélica de sorpresa. La versión más divulgada ha sido la de situarla en las guerras de Italia, en la campaña de Pavía. No es de extrañar que así se haya extendido, ya que hay constancia en tal campaña de bastantes “encamisadas”. Otros, sin embargo, piensan que no hay que irse tan lejos para buscar su origen y lo ubican en lugar y tiempo más cercanos.

No es de extrañar que se cambiase, en el momento que fuera, el estandarte del jefe victorioso por el de la Inmaculada. Y no debe sorprender si se analiza el gran movimiento mariano, que, en pro de la concepción inmaculada de María, desde varios siglos previos a la Declaración del Dogma de 1854, venía produciéndose entre el pueblo.

¿En qué consiste “La Encamisá”?

Una procesión nocturna, a caballo, que, aproximadamente durante dos horas y media, recorre numerosas calles de Torrejoncillo. Comienza a las diez en punto de la noche, en la Plaza Mayor, con la entrega del estandarte al mayordomo, que preside la cabalgata, y finaliza en el mismo lugar al ser devuelto a la iglesia.

Pero es una procesión muy singular: los jinetes, que portan en lo alto un farol encendido, van cubiertos con sábanas blancas, ceñidas al cuerpo a modo de camisas. Destacan por su belleza las sábanas del mayordomo y sus dos acompañantes, por llevar atrás la imagen de la Inmaculada, coronada y rodeada de tules y bordados.

Durante toda la procesión, y especialmente en los momentos cumbres de la misma, la salida y entrada del Estandarte, sorprenden los miles y miles de disparos, disparos de salva, lanzados repetidas veces y al unísono, que originan un ambiente de humo y un constante olor a pólvora. Es de destacar, además, el continuo griterío, las canciones con una misma tonada y especialmente los vítores dirigidos a la Virgen, presentes en todo momento e intensificados en cualquier lugar al paso del estandarte.

“La Encamisá” fue declarada en 1977 Fiesta de Interés Turístico Nacional.

La abundancia de hogueras en plazuelas y calles, y el original trazado urbanístico de Torrejoncillo, estrecho y tortuoso, contribuyen a hacer de esta fiesta un espectáculo. Espectáculo, que merecía dar a conocer y de ser conocido. Por eso fue declarada, en 1977, Fiesta de Interés Turístico Nacional. Declaración que ha contribuido a una difusión exterior enorme, y, por consiguiente a que sean muchas las personas que nos visitan y nos acompañan en esa fecha. Expansión que, no cabe duda, tiene el riesgo de que la fiesta pueda perder algo de identidad.

Porque “La Encamisá” es algo más…

Los torrejoncillanos la viven, la esperan con ansiedad y cuando llega esa noche se produce en ellos un proceso sorprendente de intimidad y sentimiento, en contraste con el bullicio externo. La sienten desde pequeños y han aprendido a recurrir a la Inmaculala e innumerables ocasiones de sus vidas. Sólo así, aunque los haya que quieran ver otras causas, puede comprenderse su actuación en la mágica noche del 7 de Diciembre, la noche por antonomasia de Torrejoncillo, “el pueblo de La Encamisá”, una luz que sobresale de la oscuridad fría de Diciembre, en un marco de niebla y de humo, de sentimiento y entusiasmo, de colorido, de olor a pólvora y de muchas lágrimas.

Texto de Antonio Alviz Serrano.

"La Encamisá" de Torrejoncillo (Cáceres) 2015

Web del Ayuntamiento de Torrejoncillo

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