Es de todos conocido, que aunque se vaya perdiendo porque son pocos los documentos que hay, Extremadura es una tierra mística y tenemos numerosas leyendas. La transferencia de generación en generación ha sido el boca a boca y por ello, muchas de ellas se han perdido. Aquí os mencionamos algunas y esperamos que nos mandéis muchas más a nuestro correo, si creéis que deberían aparecer aquí.

Estatua Serrana de la Vera

La Serrana de La Vera:

Esta leyenda cuenta que una moza de la Vera, sufrió mucho en el terreno amoroso. Varios hombres le fueron haciendo daño, por ello decidió adentrarse en las montañas de esta bonita zona geográfica del norte de Extremadura y así poder olvidar tanto sufrimiento.

De esta forma, desapareció y nadie volvió a saber nada más de ella, excepto los hombres que pasaban por las montañas cerca de su cueva. A estos los engañaba con una gran palabrería, seduciéndoles e invitándoles a su cueva para que descansaran. Cuando estos se encontraban dormidos ella los mataba y así lo tomaba como una venganza por el daño sufrido anteriormente.

La Mansaborá de Cáceres:

Cuenta la leyenda que, en 1229 cuando Cáceres estaba gobernada por un árabe arrogante, quien tenía una hija a la que adoraba, pero esta bella doncella desatendía las órdenes de su padre cuando se enamoraba. Así, se quedó embelesada de uno de los caballeros cristianos del rey Alfonso IX de León, quien pretendía conquistar la ciudad.

Para poder reunirse con dicho caballero y disfrutar de su amor, la hermosa doncella mandaba abrir todas las noches la puerta de un pasadizo secreto por donde el caballero subía hasta el Alcázar.

Este galán logra conquistarla, y así se apodera de las llaves del pasadizo, por donde entra con sus caballeros hasta los salones del Alcázar y se adueñan de la plaza. El kaid se enfadó tanto que maldijo a su hija debido a la gran traición acaecida, arrojándola al subterráneo donde debía permanecer hasta que volviesen a reconquistar la ciudad, pero como los musulmanes no pudieron lograr dicha reconquista, allí se encuentra aún la preciosa doncella, convertida en gallina de plumaje de oro, saliendo solamente la noche de San Jorge y esperando ser desencantada.

La Cabra Montesina de las Hurdes

La Cabra Montesina de Las Hurdes:

Un pastor se encontraba trabajando en su campo, cuando vio una cabra con un aspecto desafiante, sin darle mucha importancia. Al segundo día, la volvió a ver en el mismo sitio y a la misma hora, pero no es hasta el tercer día cuando se fija detenidamente y ve cómo dicha cabra da de mamar a unos recién nacidos.

El pastor entró en estado de pánico, creyendo que había visto al mismo diablo. Al día siguiente salió armado y desafiando a dicha cabra, quien se enfrentó a él y quitó la vida a todo su rebaño, teniendo que huir y esconderse en su cabaña. Cuentan los hurdanos que el pastor fue hallado en su cama destrozado por cornadas de algún animal.

La Dama Blanca del Guadiana:

La Dama Blanca del Guadiana

Una pequeña niña llamada Leonor que vivía en Badajoz, quedó huérfana muy pronto debido a un trágico accidente. Sus padres viajaban en un coche de caballo, tras quedarse dormido el conductor, la calesa cayó al Guadiana y estos se ahogaron.

Pasado un tiempo la preciosa Leonor crece y los pacenses la contemplaban siempre solitaria en el balcón de su casa, hasta que un día, pasó por debajo un negociante de una localidad cercana, quien insistió hasta que pudo citarse con la chica en el Puente de Palmas. Tras varios encuentros, Leonor acaba enamorándose de este apuesto chico y se entrega a él.

A medida que pasaba el tiempo, el apuesto joven cada vez visita menos a su amada hasta que un día no vuelve. Leonor, escucha que quien decía estar enamorado de ella, ya tenía una familia.

Tras no poder soportar ese dolor, se viste de blanco como el día de su primera cita con el mencionado cortejador, se dirige hacia el Puente de Palmas y se arroja al vacío. El cuerpo de la guapa chica nunca apareció.

Todo pacense sabe que si se quiere ver a la bella Dama Blanca del Guadiana, tiene que nadar bajo el puente de Palmas las noches de luna llena en las que ésta se refleje en el agua. Todo aquél que haga esto, verá a dicha dama, pero a cambio de la muerte por contemplarla.